CUANDO EL PAYASO NOS ALCANCE

CUANDO EL PAYASO NOS ALCANCE

#12

Martes 24 de marzo del Año del Señor 2020

UN DÍA A LA CHAPO GUZMÁN

Las cifras de los positivos, de los enfermos, de los hospitalizados y de los muertos en Italia crece tan rápido, que hoy no se las doy (las cifras) y solo digo, como decía la santa de mi jefecita, cuando desesperada, yo iba ya por mi carril: ‘Total, estoy pintado y hagan lo que se les da su chingada gana…’ Ahora es inútil hablar de más de 50 mil positivos de Chinchulín, porque se ha descubierto que HAY UN MAR DE GENTE por toda Italia con los síntomas del Coronavirus, pero que no les hacen la prueba para detectar si están contagiados o no. Algunos hablan de multiplicar por dos o cuatro y hasta diez esa cifra… Ta’ cabrein…

Ayer, Billy the Kid Conte (el Jefe de Gobierno más rápido en disparar decretos), dispuso que la cuarentena se vuelva más rígida: estaban abiertas muchas fábricas y las cerró; solo pueden salir a trabajar las personas que están en la lista de actividades esenciales (sentí, bien gacho, pues descubrí que ninguna de mis actividades sirve para un carajo en la sociedad). También se podía correr, siempre y cuando se hiciera en zonas abiertas y no muy transitadas de personas, peeeeero sucedió que muchos suripantos, en su perra vida habían estado interesados en hacer ejercicio y pues los runners (y los que se hacían pendejos caminando) se multiplicaron como conejos en la pradera; y pues ahora ya tampoco nos dejan correr. Así que en esta cuarentena puedes salir (en tu zona, no por la ciudad) para comprar comida, para sacar al firuláis, para ir a una farmacia, para ir a trabajar (los pocos trabajos que quedan), o de plano para ir al hospital pues el Payaso ya te espera para checarte…

Así que hoy, les contaré como es la vida de un Chapito en Trieste, Italia:

La primera semana de reclusión era como esas fiestas de piyamadas, donde todos echan desmadre y se van a dormir tarde y que qué chinguetas y divertido el nuevo cambio, y nos levantábamos como si estuviéramos en Playa del Carmen echando la güeva, y comiendo y chupando como cerdos, peeero, cuando pasan las semanas y corren voces de que no quitarán la cuarentena hasta mediados de abril o incluso mayo, no, pos ahí se te aparece la Abuela del Danone y hay que bajar el ritmo al desmadre…

Así que ahora, aunque no tengamos que ir a la chamba, ponemos el despertador. Escuchamos las noticias en la radio (nada más para ir tentando el agua a los camotes y ver de qué lado nos llegará el chingadazo de Chinchulín). Luego ejercicio en casa: estirar piernas y brazos para no terminar moviéndote como manatí, un poco de pesas y saltitos como si corrieras: hagan de cuenta a la Rambo cuando estaba preso con los vietnamitas. Mi Adelita Báltica se entrena con su grupo del gym por Skype, y me invitó a sus entrenamientos Fit, pero además de que se ven bien cotorras, la entrenadora tiene un papagayo (true story) que canta más culero que Chayanne y pues me pone nervioso y paso sin ver…

Por la mañana he decidido aprender una cosa, y por la tarde otra. Unos tutorial ahí de 15 minutos, nomás pa’ despertar la pinche mente y que no se engarrote más de lo que ya estaba desde hace un buen. Bueno, pues esta mañana aprendí a hacer las mascarillas sanitarias. Ándese paseando, como lo oyen: entre colchitas sanitarias para perros y elásticos para calzones gasté 5 Euros y tengo material para 60 mascarillas (y es que aquí, o ya no hay o cuestan como las nachas de Shakira). Las primeras que hice me salieron bien culeras (pero tengo sólo que agarrar mano). Mi Adelita me dijo que parezco atracador de trenes de los dorados de Pancho Villa, y no sabe que en realidad me aduló, es mi lucha contra el chingado Chinchulín… pero pinches chinos, digo yo, ¿no podían hervir bien su chingado caldo de murciélago?…

Luego, ya que tengo mascarilla y guantes puestos, llega la hora de tirar la basura y hacer las compras de la comida. Antes, en la Otra Vida, uno hacía estas dos actividades casi alucinándolas: siempre de malas y de carreras, para escapar en chinga a otro lugar. Ahora, como son las únicas cosas que nos dejan hacer los carceleros, pues hasta salgo bien pinshi emocionado a tirar mi bolsa de basura, casi al ritmo de cha-cha-chá; y en las compras me hago pendejo haciendo el camino más largo, nomás para pajarear un ratito más afuera…

Por las calles de mi barrio se ven dos grupos: los paniqueados y los tranquis. Y a veces somos de un o de otro grupo. Están esos que te ven como si fueras un perro sarnoso y te esquivan bien pinches locos, y pues a mí, mejor, pues siempre en mi vida he esquivado los feos, y ahora si son además pendejos o histéricos, pues les dejo dar la vuelta con mucho gusto. Pero también hay gente bien alivianada, gente que te mira a los ojos (la única parte libre de nuestro cuerpo) y nos saludamos o sonriendo o diciendo ‘buenos días’ como se usa en los pueblitos. A veces veo que algún papá hace las compras con su hija y ponen un par de dibujos en la calle que ella dibujó y con la petición: “Quédense en casa”. Se están multiplicando por todos lados los dibujos y las frases que dicen “Andrà tutto bene”. Saldrá todo bien. Nos repetimos, decenas de veces, esa frase al teléfono y desde los balcones…

Por las calles ahora vemos colas en las verdulerías, carnicerías y tiendas de abarrote, y no porque falten las cosas, sino porque ahora tienes que tener un metro de distancia de los demás y pues hay que respetar. El verdulero de mi barrio, quien es un gran viajero del mundo, finalmente vive algo muy chinguetas: puso tres X en su negocio y dirige el tráfico de los clientes como si estuviera en un aeropuerto internacional. Estoy seguro que dentro de poco nos va a pasar báscula y pedir visas…

Por las calles todos van con guantes y mascarillas, y yo, que finalmente hice la mía salgo bien contento con la mía. Descubro que ahora pasa lo mismo que antes: la sociedad estaba dividida entre los que tienen carrazos de lujo, los que tienen coches de godínez, y los que tienen chingaderas o carcachas. Bien, pues ahora pasa eso con las mascarillas: van los güeros muy acá con sus mascarillas médicas para resistir un ataque marciano, van los que tienen una mascarilla normal, y van los que tienen sus chingaderas de mascarillas modelo Fiat Panda como yo comprenderé. Pero no importa, así va la vida: hasta el look con el Chinchulín cambia…

Los días pares se come sano y no se chupa para no engordar en el encierro, y los impares se pueden comer las chingaderas que uno quiera y chupar. Y por esto un día estoy con el bajón anímico y otros bien pinche feliz. Imaginen en qué día es…

Ahora comunicamos casi al 100% desde la casa con internet. Muchas cosas que compramos, algunos trabajos pendientes, muchos de nosotros trabajaremos con videoconferencia y luego están las noticias y los chismes del Feisbuk. También Nesfliss nos acompaña muy seguido. El viernes pasado hicimos el primer aperitivo de grupo por video: compas de Trieste nos ‘reunimos’ para chupar y brindar a la vida en el año del Chinchulín. Era muy raro, porque todos vivimos muy cerca, pero ahora es imposible vernos. En los primeros minutos ahí estábamos sacados de onda, pero luego chupando nos relajamos. El alcohol ajusta todo… pero pinches chinos, digo yo, ¿no podían hervir bien su chingado caldo de murciélago?…

Y bueno, se hacen algunas chambitas en la casa (me llaman el Manitas de oro), trato de escribir, pero no es fácil concentrarse. Y pues luego está toda la vida en los balcones. Es bien chistoso, porque casi todas las casas en Italia tienen balcones, pero casi nadie los usaba, y pues ahora que estamos como leones enjaulados, ahí estamos a todas horas. Me hice ya amigo de tres ruquitas vecinas y pues cotorreamos desde los balcones. Una de ellas escucha cada domingo y desde hace años, solo canciones de Rocío Dúrcal (true story); otra de ellas es bien chismosilla y apenas ve a alguien abajo caminando a hacer las compras, me platica los pormenores del susodicho: “Pobrecito. Fulanito tiene una ‘Querida’ en la otra parte de la ciudad, y ahora se está volviendo loco pues no puede moverse…”. “Fíjese nada más (le digo), este chingado Coronavirus nos matará de un o de otro modo, ¿No cree, comadrita?” La otra ruquita le encanta el póker (nos platica que cada viernes se juntaba con sus amiguitas para jugarle a las cartas) y en cada frase que dice, mete el verbo ‘Apostar’: “apuesto que nos van a tener en cuarentena por dos meses más”, “apuesto que se va acabar la comida rápido”, “apuesto que al vecino del quinto piso va a ser el primero que le dé el corona en el edificio.” Y así, tengo tres amiguitas nuevas de más de setenta años: La Rocío Dúrcal, La Chismosilla y la Pokerista…

Ahora la vida en los balcones tiene tres momentos que van y vienen: Están los bien Pinches Locos y agresivos, que apenas y ven a alguien caminando por las calles, le gritan de todo, como si fueran asesinos. Y lo hacen sin saber si esa gente va al súper, o tiene un problema y va al hospital, o simplemente va a trabajar (aún quedan trabajos activos). Los Tranquis, que ni quitan o dan (como las flores en la montaña) y no te das cuentas de ellos nunca. Y por último los Poetas del Balcón, esos que se inventan mil cosas y están viviendo una nueva vida de resistencia en ellos.

El viernes pasado, vivimos con mis ruquitas (y otros vecinos) una cosa muy bonita. Por primera vez en la historia italiana, las radios (nacionales y locales) se unieron y en cadena nacional a las 11:00 tocaron cuatro rolas. Todas al mismo tiempo y en el mismo orden: primero el Himno Nacional, luego Azzurro, la Canzone del sole, y Nel blu, dipinto di blu; y que son canciones súper famosas y únicas para los italianos. Yo saqué mi estéreo al balcón y subí el volumen bien cañón (hasta desperté al pachequito de mi vecino de arriba) y con mis ruquitas nos pusimos a cantar, y fue la primera vez que bailé sin estar borracho (milagro del Chinchulín).

Y bueno, hasta aquí mi reporte Joaquín, te regreso la línea, y por favor te lo lavas, que es parte de la contingencia sanitaria. Todo con medida y coman frutas y verduras…

Todos los capítulos aquí: http://www.fotocalder.it/diario-del-coronavirus-en-italia/



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